Parte I
En un reino lejano, donde la tierra era infértil, el agua escasa y solo abundaba la soledad, gobernaba con tiranía un malvado rey que se hacía llamar a sí mismo el Rey Sabio.
El rey, era una persona miserable, cruel y soberbia, y su reino vivía sumido en un profundo dolor y miedo de la suerte que tendrían bajo el mando de su rey.
Innumerables veces sus cortesanos intentaron aconsejarle y evitar muchas tragedias, pero él, convencido de que estaba en lo correcto, mandaba a cortar la cabeza de todo aquel que osaba cuestionarle, y así su corte se redujo hasta quedarle solamente la vieja cocinera, y un último joven consejero.
Lo único comparable con la necedad del rey era su deseo de amor.
El rey había estado solo toda su vida, los recuerdos de una infancia amorosa con sus padres eran tan lejanos que se desdibujaban en su memoria, es por esto que el rey ansiaba poder sentir el cálido abrazo del amor.
Es así que durante años tropezaba una y otra vez en su intento de encontrar una reina.
El rey tenía una especial fijación por sentirse admirado y superior, y las doncellas que en sus manos caían eran campesinas con quiénes él se sentía en una cómoda posición, necesitaba chicas volubles que pudieran seguir sus excentricidades, escuchar sus disparatados discursos, aguantar su insoportable carácter, acatar sus órdenes y apoyar sus ridículas ideas. Todo esto en el nombre del amor que el rey les profesaba y que esperaba en retribución.
Pero hasta la más ignorante de las campesinas acababa por perder la cabeza a lado del rey, y huir de él tan lejos como le permitieran las piernas.
Una noche tormentosa y desafortunada llegó una joven doncella a las puertas del reino.
Empapada, con las vestiduras rasgadas y el cuerpo herido, pidió a los caballeros piedad y refugio, y éstos la llevaron ante el rey.
El rey entrevistó a la pobre chica y ésta le contó que había sido apedreada en su aldea por crímenes que no había cometido, había vagado durante días en el sendero y dormido en el bosque, tratando de encontrar refugio, en el camino se había cruzado con rufianes que habían tratado de herirla pero finalmente había divisado a lo lejos las luces de su reino.
El rey sumamente interesado en saber más de la doncella le dijo que la dejaría quedarse en el castillo con la condición de que compartiera la alcoba con él.
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Wow interesante
ResponderEliminarEl mejor blog de la vida!!
ResponderEliminarEste tipo de pequeñas historias realmente te envuelven
ResponderEliminarBaia que historia!
ResponderEliminarWoow estoy sorprendida
ResponderEliminar👏👏💟
ResponderEliminarBonita historia ❤️
ResponderEliminarmuy buena historia
ResponderEliminarPrecuela de 1000 una noches
ResponderEliminarmas cuentos
ResponderEliminar1
Espero con ansias la parte 2
ResponderEliminarmaldiciones ! :C
ResponderEliminarEse reino lejano, no lo es tanto, es decir sin querer o no, en la historia se va describiendo al sujeto hombre de estos siglos. Que consciente de su poder, busca lo que no tiene en el mismo, ejerciéndolo. Sin embargo... ¿que pasará en el siguiente capítulo?
ResponderEliminarInteresante
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