Parte II
Las palabras del rey tomaron a la joven por sorpresa.
Confundida y asustada, no sabía que decir, no quería volver al bosque pero la solicitud del rey era algo muy extraño, sin embargo, convencida de que no podría pasarle nada peor después de todas las cosas que le habían ocurrido, aceptó.
Esa noche la joven y el rey compartieron la habitación en completo silencio, observando el techo que asemejaba el cielo nocturno, pintado de un profundo azul media noche, con pequeños destellos plateados que formaban constelaciones.
El sueño los venció y ambos durmieron.
A la mañana siguiente, cuando la joven abrió los ojos, el rey ya no estaba en la cama, en su lugar había un espléndido vestido color verde, estirado y con una nota que decía que la esperaba para desayunar. Desayunaron juntos en el comedor real, era la primera comida que la joven comía en varios días, y se sirvió bollo tras bollo de pan, con mantequilla, con un oloroso queso, con aceitunas tan jugosas que se escurrían por las comisuras de su boca.
Terminado el desayuno, el rey le mostró algunos lugares del castillo y le habló de su reino.
El rey le dijo que seguramente su reino era el más próspero en toda la región, que sus decisiones pronto le colocarían en la cima y que ella había sido muy afortunada de llegar allí.
La joven, confundida con sus palabras, sin conocer otro reino mas que en el que ella solía vivir, también gris y triste, le creyó, y creyó así cada una de las palabras del rey.
Los días se hicieron semanas, y las semanas se hicieron meses; terminó el invierno y llegó la primavera.
El rey había curado las heridas de la joven, le brindó hogar y comida, la instruyó en todo lo que conocía, la llenó de reglas y modales, la vistió como una princesa, y trató de moldearla como una; cada vez más entusiasmado por su presencia y convencido de que esta vez definitivamente había encontrado el amor.
El pueblo se veía más animado, los campos empezaron a dar frutos y gracias a la lluvia que empezó aquella noche que llegó la joven y que no se detuvo hasta finales del invierno, la sequía terminó.
Todos los días el rey y la doncella desayunaban juntos, paseaban por el castillo conversando, almorzaban increíbles manjares, leían en la basta biblioteca del castillo y por la noche dormían juntos. El rey le hablaba de todos los planes que tenía y la doncella escuchaba con atención todas esas promesas de grandeza y felicidad.
Sin embargo la maldición del rey comenzó a extenderse como una enfermedad...
Los meses continuaron pasando y la doncella al igual que todas las que habían pasado por allí antes, se dio cuenta de la verdad en el corazón del rey.
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